tal vez una puerta

Tal vez una puerta
El mustio casi cerrar de una puerta
Esa ínfima porción de otra realidad
Ese querer extinguirse pero no
Pero entonces seguir vivos
Ver la luz abandonando los objetos invariablemente
Eternamente, para siempre
Tal vez una puerta
Tal vez eso te dejé o me dejaste
Quizá era cuestión de quedarnos a ver
A escuchar la puerta contra la pared
Pero corrimos
Corrimos
Y sé que te dejé o me dejaste la puerta entrecerrada
Tal vez una puerta
Tal vez o no
Nos abandonamos para siempre
Invariablemente tu mano y la mía
Eternamente nuestra despedida
Y siempre la puerta entrecerrada
Y siempre extinguirnos pero no

fuego

Me asfixiaba de tus piernas, tan temprano que no cabía luz por la persiana y todo placer se antecedía a nuestros ojos. Tu boca tibia, boca de otras noches y otros cuerpos, boca de lenguajes como humos, me prendía un cigarrillo para que lo apagara y entendiera que éramos eso. Pero todavía era temprano, todavía éramos el fuego de la primera pitada, ese que nace de otra parte, de otro fuego, ese que nace desde afuera, que prende de repente un cigarrillo entero, que de repente lo prende y entonces espera a que algo lo aspire (y entonces aspirarme la espalda) para que se encienda de naranja a rojo y entonces ahora todo es bello (todo tus brazos) entonces entrar por la boca de las cosas (entrarme por la boca) y verlo todo mágico (todo tus piernas) perderse de la lengua al paladar (perderme de tu lengua) y antes de llegar a la garganta (antes de llegarme a la garganta) antes de caer al precipicio (pero cayéndonos al precipicio) volar hacia atrás volar al aire (volándonos el alma) teñirlo de gris (ensuciarnos) y esperar a que la cama nos aspire (inhalar gemir suspirar) y seamos eso: cenizas (dos cuerpos)

prólogo de ausencia

Sobrevivimos por retórica y persuasión. Nos hicimos parafraseando realidades; recorté tu sonrisa y la pegué en mi biblioteca. Martes y viernes fuiste mi mundo de ideas (ese universo filosófico del que tan ajeno estás). Miércoles y sábados jugaste de ser falacia y tautología (al mismo tiempo) a ser guerra y crisis (contra y de mí). Te armé de párrafos, te quise con títulos en las primeras páginas y nos aprendí con notas y traducciones. De vez en cuando era verte, porque siempre había puntos suspensivos y espacios en blanco. Entonces, a esos lunes, jueves y domingos los anexaba en mi carpeta de analogías y vocabularios. Estuviste cerca del Amor, pero fuiste otro plural.

de tu mal humor todas las cosas

Nos devoramos de palabras como mounstros.
Lejos. Lejos.
Es otra noche para aprendernos a querer en la distancia.
Para callarme todo lo que duele y tiene tu nombre
(es tan todo, tan todo papá).
Me abrazo a la pared porque tu puerta está cerrada
y tengo miedo.
Porque de antes, te pedí a gritos que me quieras
y sin embargo,
me jugaste siempre sucio.

Y sin embargo,
soy de vos y no conozco otra manera de crecer.

antónimos

Puede ocurrir así, con la misma sensación que la de un lunes, que entonces quiera verte. Sucede que no es día de siempre y buscarte en estos tiempos, es ajeno a todo lo que sé. No me bastará con ir corriendo a tocarte el timbre para que me abraces, ni con que otra vez coincidamos la mirada. Me conozco que trataré de que me entiendas, que presionaré hasta dolernos, y acabaremos llorando con la luz prendida.
Puede ocurrir así, con la misma sensación que la de un lunes, que entonces quiera verte. Sucede que no es noche de siempre y encontrarte en estos tiempos, es ajeno a todo lo que sé. No me bastará con cerrar los ojos para que me entiendas. Me conozco que trataré de que me abraces, que presionaré hasta que me duela tu mirada, y acabaré llorando sola con la luz apagada.
(Puede ocurrir así, con la misma sensación que quiera verte, que no te quiera ver)

distopía de abril

Hay un punto en esta mecánica ciudad donde existimos.
Ayer, de madrugada y por Corrientes, lo busqué desesperada. Las noches de conciertos y los Domingos de color gris me reportan recuerdos polvorientos, razones tan vanas por las que deberíamos vernos (necesidad, abstinencia de abrazos) y un reloj que no parece imposible. Ayer lo intenté, amor, lo intenté como casi nunca. Me senté en el cordón y tarareé para nosotros; no estabas. Te esperé por noventa minutos: mirando a la calle, despidiéndome de las ruedas de los autos y restando taxis para no llorar. Tenía la esperanza de que el 5 te bajara a mi puerta, de que por la casualidad de buscarme, me encontraras. Tu boca estaba a un colectivo de la mía y yo tenía una alcancía repleta de monedas. Abrí los ojos, cerré la cartera, apagué el celular, me paré en el cordón y, antes de pisarme de calle y realidad, grité tu nombre. No vino nada más que un taxi vacío y abrí la puerta para cerrar los ojos.

almohadas torcidas

El vacío no tiene nombre, no tiene tiempo
no es de frío ni de papel
Las baldosas me tropiezan
y no caben números para llorar
Traspapelada de ausencias,
busco tus ojos (que son mis ojos)
Y entonces las ventanas no me existen
y entonces mi voz es (de) silencio
Me desespero, me temo, me abrazo
y de atrás hacia la nube, apenas veo niebla

camas vencidas

Diagramas de soledad.
Calendarios de penas.
Horarios de no verte
y estar lejos.

Me duelen las calles
de antes,
los locales
de ayer,
los colectivos que se tragaron nuestras mañanas.

Y edificios
y veredas
y tu mano en mi cadera
y mi beso de temprano
a tus zapatos.

Me sufre la almohada
y el colchón,
el vestido celeste
y tu balcón,
que te tache en mi próximo feriado
(y no me importe)