viaje

Detrás de mis pupilas, hay un lugar para vos. Allá donde las palabras se mueren y tu tiempo es mi cielo. De silencios y de párpados, te volveré pestaña; volarás conmigo sin tus alas. Y el frío nos llevará tan lejos, que de repente, un día, tendré que abrir los ojos. Entonces, serás mi lágrima; saldrás de mí para volver a vos.

a través de-

La ventana es el pretérito de la calle, la nostalgia trazada a vidrio,
un cielo que ya no está en una pared que existe. Y mientras nos
caminábamos el uno al otro, no había manera de ver la ventana:
éramos vereda, éramos cordón, semáforo, bicicleta. Estábamos
del otro lado del vidrio, donde las cosas son, donde no se ven
y vos eras vos y tu cintura mi cuerpo.
Pero entonces la lluvia y entrar al departamento después de un
beso. El tren que corre y me deja otro tren en el vidrio, vos que
sos humo y tu sonrisa, reflejo. Y mientras nos despedimos el uno
al otro, te cierro la ventana: pretérito, vidrio,
cielo que no existe.

a expensas de vos

Me alquilaste la cintura en cuotas: 12 de enero, 5 de febrero, 23 de marzo, 11 de abril.
De mi cuerpo ventanas que daban a ninguna parte, un cielo abierto de cortinas cruzadas.
En tu boca picaportes oxidados: abrirme la espalda, prenderme la luz. 100 inviernos al
mes: apenas uno. Ascensor a tus ojos, escalera a tus pies. Y un balcón que te dejó volar.

mi colectivo de siempre

Esperé, te tendí la mano y me subí a vos. Uno con veinticinco. De Rivadavia a Bermúdez. El asiento que está detrás, antes de. El asiento que cedí. La ventana alternando realidades y me quiero bajar y todavía es temprano. Y todavía la puerta se abre, la puerta se cierra. Parada tras parada, la puerta se abre, la puerta se cierra. Y vos que me movés de todas partes, que me dolés la cabeza. Y vos, mi colectivo de siempre. Mi colectivo de todas las calles, de distintos boletos. Ir de para llegar a; ir de vos para llegar a mí; ir de Rivadavia a Bermúdez. Y otra vez, toco el timbre, te suelto la mano y me bajo de vos.
lágrimas de desamor ruedan por la página de un blog y en él escribe:

¿Quién me ha robado el mes de abril?

mi kibbutz

De repente, nos tomamos del cuello y nos transformamos en letras. Praxis de cursivas en todos mis puntos, me ahogo hasta el hartazgo de tu boca. Y entonces es tan fácil caer en la ficción, desparramarnos por los renglones, salirnos del margen, entrar en un mundo inexistente. Y entonces somos letras y lo que es aproximarnos se convierte en amor y lo que es amor se convierte en metáfora y lo que es metáfora sale por tu boca y entra en la mía. Qué exquisito que de vos a mí haya un paréntesis y ese paréntesis repleto de cosas y esas cosas que no existen y que nacen y que mueren y que nos meten en otro mundo donde no hay cafés ni calendarios ni relojes, donde todo es una ventana abierta que mira a ningún lugar y ningún lugar está en tu boca. Qué tan boca tuya es salirme de mi cuerpo y entrar en ese mundo!

cambio de estación

Así como un otoño: primero mangas largas, después una campera,
dormir con frazada, comprar una bufanda y de a poco, porque de a
poco, acostumbrarse al frío. Así como un otoño: estar sin vos.
Dejaste de ser estufa y empezaste a ser ese viento que me quiebra
los huesos y entonces cerrarte la ventana. Te llevaste todas las hojas
y me volaste el cuerpo. Y de un abrazo cada vez más gris hasta
llovernos.
Despedida: un paragüas.