fuego II

Para ese entonces, todavía éramos dos cuerpos, dos cigarrillos apenas encendiéndonos el uno al otro, inhalándonos de manera tal que el fuego nos dejara prendidos en la habitación, que el humo nos acariciara la espalda y entonces El árbol caído y tocarnos pero sin tocarnos, besarnos desde lejos estando cerca, sentirnos y de repente enamorarnos del rojo, vernos desde afuera y aspirar, salir de los dos como si no hubiera pared, volar hacia vaya a saber qué.

Pero en cuanto me alcanzaba los fósforos, se dio cuenta de que era terrible; de que mañana o cualquier otro día, se apagaría el fuego y nosotros nos encargaríamos de tirarnos, de barrer la ceniza para que los dos al mismo tiempo, pero sin ser al mismo tiempo, tomáramos uno nuevo; de que todo hacer implicaba dejar de hacer, de que lo que en realidad estaba haciendo era apagarme para encenderme en otra parte.
-El cigarrillo se fuma para fumar otro más tarde- me dijo mirando a la ventana.
-Lo tuyo siempre consiste en eternizar las cosas, che. En cuanto te agarrás de lo efímero, te caés del precipicio.
-Pero Nietszche y su teoría del eterno retorno me sostienen.
-¿Acaso tengo cara de cigarrillo? O lo que es peor: ¿el cuerpo?
-Jaja, te pisaste sola.
-No te hagás el estúpido, mi amor. Todo lo que decís, siempre quiere decir otra cosa.
-O en definitiva: todo lo que es, siempre es otra cosa.
-Claro: yo soy un cigarrillo; vos, un idiota que trata de fumarme sin darse cuenta de que es un encendedor.
-Si fuera un encendedor estaríamos condenados a ese único instante en el que te prendo, y creeme, creeme que quisiera pero no. Quizás parezca un encendedor, pero en realidad soy un idiota.
-Como sea, se acabó el cigarrillo. – dije casi asintiendo.- Me da lástima tirarlo, ahora que dijiste eso me da lástima, parezco una estúpida tratando de entender a un cosito que saca humo, pero… me pongo en su lugar y es todo tan triste. Y mirá a estos, están en su lecho de muerte…están todos juntos mirando para abajo, encerrados...
-Ves, tengo razón. No hace falta que trates de entrar en la caja para darte cuenta de que ya estás adentro.
-¿Y vos adónde estás, idiota?
Él se quedo mirándome hasta que nos empezamos a reír, después, ya lejos de toda analogía, dijo que lo conveniente era fumarlos todos juntos para que murieran en compañía, pero nos pareció mejor idea arrojarlos al piso y que aterrizaran en la alfombra, que supieran lo que era la vida un tiempo. Yo me acosté en su cuerpo e insinué que los que no me daban lástima eran los cigarrillos malos y entonces sacó del cajón marihuana y mientras prendía los fósforos, me fumaba la espalda.

4 comentarios:

  1. Me gustó mucho-mucho-mucho esta entrada. Tiene un montón de imagenes maravillosas/también en ese círculo infinito se oculta la imposibilidad de sostener el presente, si se fuma un cigarrillo para fumar otro ¿cuando se fuma un cigarrillo (y punto)?
    existir es la posibilidad de seguir existiendo, Gracias, me llenaste de "sensamientos", me voy caviloso,

    Abrazo

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  2. Al leerte recordé esta canción:

    http://www.youtube.com/watch?v=72epKlB_u9Y

    "Fúmame
    suelta el humo en círculos de amor
    vuélvete a tragar mi corazón
    aspira bien
    luego espárceme
    por la calle en cenizas de luz
    busca por la acera un ataúd
    y písame
    písame como sueles pisar tú
    que no queda ni una brasa de mi luz

    Me quemo en la suela de tu zapato y al andar
    vigilio tus pasos quizá estés dando
    uno para atrás."

    Demasiados recuerdos han regresado.

    :/

    Abrazo.

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  3. Me pasa que aparece como que publicaste, pero vengo y el texto no está;

    Se titula "presagio", es una pena porque me gusta mucho leerte, ¿cambiaste de dirección o algo asi?

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