viaje alrededor del poema

La tristeza era la noche de una casa abandonada. Cuando las fases de la luna se confundían con la almohada, Azul iba en bicicleta coleccionando los miedos en un frasco de vidrio. Siempre entraba al mismo tiempo en que salía y abría la puerta en el instante en el que la cerraba. Sola de cielo, la tristeza se abrazaba a ella en ese microscópico tiempo, y extraviaba la sombra para volverla a encontrar. "El extravío es un encuentro inmutable", apeló la taza muda de pulcritud desde el centro de la sala. La soledad dormida en el cuarto principal, roncó una música de palabras desconocidas. "Y en cuanto al miedo, la redundancia de lo que no muta", expresó la cucharita con tendencia a plagio.
Luego, las controversias características de la casa comenzaron a fundirse en un celeste alunado, y las paredes se colmaron de una amalgama de pretéritos y calendarios desfechados. "La primer noche de mañana hay una fiesta", insinuó la ausencia de la lamparita en la ventana. Azul sintió el deber cósmico, la duda en la punta de la lengua, un casi sí en el centro del no. "Bueno, consintió, pero lo más probable es que llegue tan tarde que acabe por llegar temprano y los libros se terminen antes de empezar". "Ay, mirá a la niña que no quería ser feliz" susurró la cucharita, casi siempre resentida por la inutilidad en el paladar y el vestido de azúcar. "No seas mal educada, che, le ordenó la taza, es la única que todavía nos visita, y además, le gusta tomar el té a las tres del mediodía."
De repente, la presencia del pasado aconteció en la escalera: "No te preocupes, muchacha, hace ya tiempo que el tiempo no nos espera", exclamó mirando más allá del horizonte. "¿Y ese reloj?", preguntó ella. "Es sólo la fotografía de un recuerdo".
Azul volvió a cerrar la puerta para abrirla, con la certeza de que la casa se hallaba otra vez abandonada: "El Abandono es una luna, un absoluto: nadie abandona sin haber abandonado antes, y nadie antes si no después" pensó tristemente mientras pedaleaba a su casa y las vainillas de las diez de la tarde.

7 comentarios:

  1. creo que la palabra es un muro entre el sujeto y el objeto. Yo las rompería todas. Me ha encantado cómo te proyectas: como si no estuvieras en el texto, como si hubieras saltado esa tapia que nos separa de las cosas. Besos y me alegra que estés de vuelta

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  2. Es muy posible que la realidad sea una cosquilla en diferido, algo así como si te picara una extremidad ausente,

    Me gustan esas anfitrionas de pupila solitaria; visitandolas uno comprende por qué están solas, y el planeta empeñado en girar parece un absurdo, y quizás comprendemos porque también estamos solos.

    Un abrazo, celebro mucho tu regreso. La verdad es que espacios como el tuyo hacen falta, las frutillas los echan de menos, y también de más, pero los echan con "h", los hechan como uno hace con las estrellas que caen del cielo para construir un nuevo color.

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  3. Que locura, me encantó, me gusta esa idea de que el tiempo sea la fotografía de un recuerdo.

    Le deseo lo mejor para este nuevo año que se viene.

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  4. Tiempo sin leerte. Se extrañaba.

    Buen 2012. Con momentos felices (en lo posible)

    Abrazo!

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  5. Impecable. Las cosas parecen suspendidas en un mar de telarañas, el olvido. Impecable.

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  6. Quieres venirte de viaje conmigo??? :P

    Eres increíble chica!! me encantan tus meriendas :)

    Besazos enormes y dulces para lo que se nos viene encima.

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  7. Hice un paseo por tu blog, y me quedaría para siempre en todos sus lugares. Son muy lindos.

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