la luna (I)

La insinuación de la luna consta de tres pasos incomensurables: el descenso de la noche, la aparición de las estrellas y el atisbo de tus ojos.
El primero tiende a deshabitar el alma de todo lo pronunciable y a colmarla de silencios en el centro del poema. Suele llamarse también, en ciertas regiones de tristeza, como la distancia infinita de la palabra preferida.
El segundo paso reside en dos circunstancias visibles: la luz y la sombra. El trayecto de una a otra se produce cuando lo posible se torna ausencia, y visceversa. La incoherencia coexiste en el espacio con una noción caracterizada de la nada y el todo: el mundo es, en efecto, una composición de dos acontecimientos imparciales, una supresión de lo absoluto.
El tercer paso, finalmente, consiste en una mirada casi triste en donde se espeja, a modo de cristal, la luna; si se encuentra en cuarto creciente, tus párpados tienden a cerrarse; en cambio, si es luna llena, tus pupilas se dilatan y alrededor de los ojos nace una lágrima, como si en un desfile celeste.

5 comentarios:

  1. Es como si esos ojos encerraran los estados del mundo...

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  2. Pensar que uno, luego de vos, tiene que (no tiene un carajo) seguir pensando que escribe...

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  3. Me gusta. El primer paso, en concreto, me encanta

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  4. zarpadas fotos mujer! hace un montón de tiempo que no pasaba porque había decidido eliminar el otro blog.. pero acá estoy con uno nuevo para seguir siguiendote, seguir leyendo y demás demases.. abrazo grande (:

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  5. Esto me hizo recordar que para leerte siempre me fue necesario aislar lo estrictamente poético de lo estrictamente narrativo y luego, una vez leído, volver a ensamblar las partes -desde mi subjetividad o no- y resolver un significado que la mayoría de las veces se me antoja muchos y la minoría uno; luego de seguir sistemáticamente todos esos pasos, siempre -SIEMPRE- termino comprendiendo que a tus escritos tengo que asimilarlos así, con la violencia poética en conjunto, con el golpe visual y ya: como mirar un poco hacia el mar o la noche, tragar el aire y después no mirar más, y después no tragar más.

    Un abrazo, te extraño -o extrañaba la sensación de leerte-

    Nicolás.

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