eso, escribir: nada

Mis textos me son, sobre todo, herméticos. Ciertas veces, tengo la impresión de cerrarlos, palabra por palabra, con un candado que quiera decir su antagónico (¡soy libre!). Escribir, me es el rastro de que pasaron por el mundo y acaso se quedaron en sí mismas. Como un anuncio impronunciable, una evidencia de haber sido. ¿No es todo texto, en su absoluto, una manera de decir nada? En ese caso, "¿cómo agregar más nada a la nada?": pulirse como si existiese a riesgo de ser vacío. Debería tenerse en cuenta, en el acto de decir, que todo lo decible tiende a no decirse; escribir es lo más parecido a visitar un escondite ajeno (y esconderse). Lo exclusivo de escribir, son las palabras: todo lo demás no pertenece a nadie y es apropiable del silencio. 
La falta, a menudo, de intervención para con mis propios textos, han de revelarme, además de nada, dos asuntos: primero, que de un momento a otro, dejo de ser yo; segundo que, inesperadamente, nunca lo fui.

1-intr. Ocurrir, suceder, acaecer:

De pronto, devino la noche como un exceso de mí misma. Todas sus palabras se plagaron de incendios tenues, inapagables. No me miraba ni detrás de mi cuerpo. Temblé de nada, de una nada fuera de lejos, irrecuperable. No tuve la solemnidad, acaso, de extraer la ternura. Me desesperé como la inocencia atrapada en el cuerpo de una anciana. No pensé en herirlo. Lo hice: -vos no me diste nunca ni un rincón del mundo-. Entonces, sus ojos, imprevisibles, el celeste de las dos pupilas arqueándose por debajo de una tristeza innombrable.
Se desplegó el silencio, me arañé los dedos. De pronto, una muerte terrible en la pared blanca, como de seda. Las manos, casi torpes, acariciando el terciopelo de un recuerdo apenas llovido de su boca o mis naufragios. Las lágrimas, el ruego, unas ansias de quedarse para siempre en esa soledad.
Después, le pedí que me dejara, que no se fuera, que si por fin; insistió en que no quería, en que me amaba, y despacito, me fui abrazando, como un desvelo, en el abismo de sus brazos.
Para ese entonces, ya estaba sola, porque no supe. ¿Acaso eso era el miedo? Dormirse en la sutileza de su espalda y despertarse, de pronto, devenida en noche.

de lo endeble

el deseo, dormido
de vos -o tu ausencia-
cantaba, en mi cuerpo
un desfile imposible

y en el fondo
(esa perpetuidad de nada,
inalcanzable)
troquelados de tus ojos
bailaban el vals
en mis manos

habré dolido
apenas
la herida
inasequible