1-intr. Ocurrir, suceder, acaecer:

De pronto, devino la noche como un exceso de mí misma. Todas sus palabras se plagaron de incendios tenues, inapagables. No me miraba ni detrás de mi cuerpo. Temblé de nada, de una nada fuera de lejos, irrecuperable. No tuve la solemnidad, acaso, de extraer la ternura. Me desesperé como la inocencia atrapada en el cuerpo de una anciana. No pensé en herirlo. Lo hice: -vos no me diste nunca ni un rincón del mundo-. Entonces, sus ojos, imprevisibles, el celeste de las dos pupilas arqueándose por debajo de una tristeza innombrable.
Se desplegó el silencio, me arañé los dedos. De pronto, una muerte terrible en la pared blanca, como de seda. Las manos, casi torpes, acariciando el terciopelo de un recuerdo apenas llovido de su boca o mis naufragios. Las lágrimas, el ruego, unas ansias de quedarse para siempre en esa soledad.
Después, le pedí que me dejara, que no se fuera, que si por fin; insistió en que no quería, en que me amaba, y despacito, me fui abrazando, como un desvelo, en el abismo de sus brazos.
Para ese entonces, ya estaba sola, porque no supe. ¿Acaso eso era el miedo? Dormirse en la sutileza de su espalda y despertarse, de pronto, devenida en noche.

2 comentarios:

  1. Como si nunca tuviésemos la sensibilidad necesaria, como si nuestra mano la hubiese perdido...Un abrazo.

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  2. Qué hermosura!!!

    Pasaba a saludarte
    y dejarte mi abrazo.
    Dani..

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