Iluminación (,etc.)

Vos, o tu cuerpo de vos, sentado en el sillón, mirándome como si pudieras hacer de tus ojos un vidrio impermeable. "No se puede vivir así, con toda la luna en las pupilas" te dije. Callaste. Tuviste un miedo de papel, efímero; y por si acaso, la esperanza de irte para siempre. "Vos no sabés no llorar, tenés la impresión del mundo y eso no se puede nunca". Me puse a llorar, no quise. Fue todo de una desprolijidad imprevisible, como las cosas que tienden a dejar de ser. ¿Y si hubiera tenido la delicadeza de abrazarte? Pero pensé: escribir una novela. Mi condición para dejarte. Tuve que haber sacado un cuaderno azul, que nunca viste, y hacer de tu ausencia una bicicleta de palabras para llegar a ningún lado. Después, cuando escondiste la tristeza en el bolsillo, obedecí; mi segunda tarea: "dejar de ser una nena". Aprender las sumas y restas, que las guerras son de verdad y que no hay que llorar cuando no existe. ¿Eso? ¿Despedirme de vos? No volver a tu cuerpo por primera vez, con la inocencia de un alguien que se abisma.
"Es fácil crecer, -dije cuando ya no estabas- tender un trampolín invisible a lo abstracto e inmiscuirse en todo lo imperceptible."

No hay comentarios.:

Publicar un comentario