para cronometrar la tristeza

Lo más necesario para llorar es comprender dos cosas: primero, que no se puede porque sí; segundo, que nunca hay un por qué. Puesto a eso, hay que hallar la ocasión precisa -que no es sino, lo incierto-; por ejemplo: ayer me pinté los labios, tengo que comprar una muñeca o no sé dibujar la nada. En ese caso, el llanto acontece como si estuviera escondido debajo de las cosas; y entonces, no existe otra posibilidad -en el círculo de lo binario- que presenciar también la alegría: me pinté los labios porque me gusta sonreír y qué te importa. Nada, o acaso todo, se advierte en eso: dar vuelta el mundo como un vestido de jean para encontrar la etiqueta extraviada desde el principio.

2 comentarios:

  1. Qué buena ésta: "el llanto acontece como si estuviera escondido debajo de las cosas". Me gustó.

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