cantar el llanto

Tuve el cuerpo repleto de lápices (así, azules, rotos). El primer quiebre de mi cintura a la talla de tu espalda: apenas un cierre de pájaro a ningún lado. Quise ser una pequeña lluvia -como si el paraguas fuera decir "aquí no estoy para borrarte"- y no alcancé siquiera a soplar los ojos (¿dónde habrían de dolerte?, dime, ¿qué basurita fue a parar a tus pupilas?). Tal vez hubiera dicho el invierno, esas ansias de esconderme bajo la herida, siempre dulce, y vos inclinarte hacia mí, pegarte a mis labios como con violencia, y no importa cuándo ni dónde, el dolor (acaso inevitable) de abrigar al frío después de pasar la noche, y visceversa.

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