de dentro para nunca

Mamá me hizo apropósito. Le pedí por favor que me abortara pero ya había nacido lo indeleble. Puesto ahí, en medio del parto, abierto a mi cintura como si alguien me hubiera preguntado: "¿querés venir acá, te estamos esperando o preferís no saber nada, ni siquiera que no sepas?"
Yo fui así: un bebé lleno de sangre, yendo y viniendo de los brazos de no sé dónde a no sé quién, toda desnuda. Lloré porque me era demasiado no morir, y seguí llorando por miedo a no saber hacerlo. Después, una enfermera me cortó el ombligo y me dijo algo así como bienvenida al mundo. Yo quise salir corriendo, pero apenas alcancé a abrir los ojos y no verme.

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