eclipse breve

Era como si nunca hubiese sido abajo de la noche. Deslizaba sus brazos, apenas pluma, para hablar sobre mi cuerpo. La lluvia trazaba lo intraducible: dos tijeras, color laguna, en el fondo de tus pupilas. De pronto dije que te quise, como si hubiera que pegar palabra por palabra -a modo de pilón- el mundo. Vos me abrazaste, y un diluvio (casi de lápiz) vino a aquietar, por no decir romper, la luna.

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