hacer la despedida

No había la luz o el cuerpo así, desalmado. Apenas un desfile de no sés y palabras apuradas, con intención de irse. Tuviste un centro de dolor (a donde no irme a abrazar) y lo quebraste: como quien dice -a cuestas por el llanto- "eso es la noche" y se larga a llover porque está oscuro. Yo te agarré fuerte los brazos (hundiendo abajo) para grabar la herida; quise asumir toda violencia posible, hacer una cicatriz de golpe al mundo. Después hubo que cerrar la puerta (decime con qué manos), negar los ojos -apenas flexionados- y venirse adentro para no morir de pronto de tanta luz apagada, para aprender a verse de veras el cuerpo, el cuerpo sin más, así, desalmado.

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