como si empujara

Sabés qué, nene: incendiaría a tu madre por no prohibirse el sexo. Porque no supo nacerte. Habría que cerrarle la palabra. Decirle mirá nena a partir de ahora no hables más. Y que todas las vecinas le adjudiquen una muerte, como para asir la vergüenza. Yo la haría parir al revés el dolor y que puje con fuerza, cosa que aprenda. Y no me vengan con que la alegría, etc. A esas mujeres les vendría bien una jaula o un bozal. Porque no se hace mal al otro sin darse cuenta. Al mal se lo venera o no se lo toca. Y ser madre no es fácil: se es madre o no se tiene que ser. Lo del acto de crianza es otra cosa. Primero porque no supo elegir un hombre y segundo por no llamarte para que salgas de adentro. No se tira a un bebé por la escalera para que aprenda a golpearse: se lo cuida de modo que nunca se caiga. Y si se cae, te acompaño al hospital y te compro caramelos; nada de maldecirte las piernas. Quiero decir: yo nunca hubiera sido tu madre. Y eso es una declaración de justicia y hasta quizás de amor. Porque amar es poder ir en contra de la maternidad: como llorar cuando hay que planchar o salir corriendo antes de cocinar un cuerpo. Yo te puse a hervir y te hiciste de un horror tan torpe que hubo que comerte con las manos. Pero siempre vino tu mamá a buscar las sobras para los gatos y había que decirle que pasara después: mirá, mamá, no vengas ahora que no me quedan espacios. Se batalla contra la infancia a fuerza de odiar a la madre, a modo de encontrar un sexo. Porque al parto hay que irlo en contra: quise que vinieras al mundo y apenas me dejaste sangrando.

por debajo del lenguaje

Esto tiene que ser lo más parecido al acto del vómito (y no me hacen falta los dedos). Escribo como quien arroja una piedra para pedir auxilio o se prende fuego. No pienso las palabras, tapo el silencio porque me es horrible. Y escribo rojo, rojo-vómito: tengo que hacer un esfuerzo para -no es eso lo que quiero decir- (estoy en presente: no hay corrección porque el error me es necesario): me quiero vaciar de vos, pujar(te) de modo que te mueras adentro. ¿No es curioso que en el fondo todo sea un parto? No. Escribo la locura. Leeme entre líneas o no me leas. Esto es como desangrarse mientras se da a luz a un niño -¿vos eras un niño y me pateabas el cuerpo?- (Te voy a contar un secreto, no se lo digas a nada: yo una vez me morí naciendo un animal así de espanto y después me hice boca a boca porque quería la vida). Pero ahora no: ahora no sé qué es dar a luz. Me duelen los ojos: la luz es llanto, un llanto de pegarse a dónde. Y apenas se alcanza a dar a sombra. Y hay que escribir gatos: los gatos se comen su propia placenta, hay que escribirlos, escribirlos muy fuerte porque quiero vomitar, vomitar del asco, romper bolsa y romperme (vaciarme toda porque estoy muy llena, llenísima de vos). Sí, quiero darte asco: meterme los dedos en la boca como si fuera tu sexo y humillarme hasta lo más hondo. Quiero abrirme el cuerpo y cavar con un hacha para borrar la herida (arrancar la raíz) y morirte. Porque no se ama así como así y después a llorar a la iglesia, ¿sabés? Porque no se puede. Te explico: hay un dolor que se llama dolor y hay otra cosa que no se puede explicar.