hacerse la guerra

para con Lucas/su niño adentro
(porque siempre lo mismo)

Darse por vencida es como declararse la muerte. Ponerse fecha. Así, en voz alta: tres horas con diez segundos. Dije adiós mundo, para nunca. Barco hundido.
Me fui de tu cuerpo como si hiciera una guerra infinita adentro. Hubo todo el ejército. Llovía. Armé mi propia batalla, con lanzas e incendios. Hacía fuerza en la herida, como si cada vez menos, porque ya demasiado. No quise salvarme. Necesitaba el entierro. La despedida.
Y entonces me abrazaste. O eso quise. Fue como si lo hicieras, al menos. Como si tus brazos. Supe, apenas, el exilio. Sentí el frío, adentro. Los labios. Haciendo con fuerza el vacío. Tu mirada como yéndose, como si ya perteneciera a otra vida.
Me di por vencida para volver a nacer. Dije: te di todo el mundo y ahora quiero hacerme afuera. Darme respiración boca a boca y celebrar mi propia batalla. Porque no se muere si no es para crecer el cuerpo, para salirse de sí mismo. Porque morir es la única manera de entrar a la infancia.

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