NAPEA (nymphe)

I
En el paisaje hay una ninfa. Se mete los dedos en la boca. Hace con las manos un duelo imprevisible. Elige su presa: la noche. Le pide sin descanso un golpe oscuro, un gesto roto. La noche nada. Ella da su cuerpo contra su propio sexo, se arrastra a sí misma y se descansa. Lucha hasta quedar vacía.

II
Después es el mismo paisaje pero esta vez no hay nadie. Apenas un vestido corto. La sugerente idea del silencio adentro del silencio. Nada habla, no se dice nada. Hay un vestido: esto es, alguien desnudo, alguien que se ha ido. En el error de irse, de dejarse a solas: la noche se enfunda, se encandila.

CITTÀ ETERNA

Vos y tu arquitectura. Fuiste mi pequeño obrero y a la vez un extranjero de mi cuerpo: una ambigüedad demasiado dulce. Demasiado azul. Me hiciste (despacio, sutil) una ciudad adentro de mí misma, como si hubiera algo en mis piernas que yo ignoraba -y con qué cuidado-. Tuviste de a poco una manera de abrirme y de cerrarme, de hacerme y deshacerme. Aprendiste a derribar mi timidez, a iluminar la infancia. Te llevaste mis escombros como si pesaran casi nada. Donde hubo mi silencio, tu noche fabricó sin pausa, sin descanso. Me recorriste entera; te inmiscuiste en parapetos y calles y puentes que daban a ningún lado. Pero después de tanto adentrarme, de días y feriados de conocerme toda, te perdiste como un niño abandonado, como un recién nacido (te quedaste solo). El cuerpo de tu voz me derrumbó para siempre. Yo la tarea forzosa de construirme encima, de edificar arriba del pavor, del miedo, de las ruinas. Yo deshabitada en plena lluvia.
Vos ahora como una Roma demasiado lejos, enterrada.

1.ADJ. PERSONA -es decir, pequeño- QUE HA PERDIDO A (sic) o se ha perdido

Los niños huérfanos hicieron una sectita del dolor. A la madrugada salen de las casas que no tuvieron nunca y se arrastran en dirección a lo absoluto. A veces, hacen cantos interminables como de recién nacidos; y otras, se lanzan a los brazos de nadie repitiendo sin pausa, arrancados, “mamá no vino porque no vino”. Cuando es muy de lluvia o se muere un bebé, se ponen a hablar en un idioma partido, como si hubieran perdido el terror, como si nada pudiera trocarlos. Nunca aprenden a llorar del todo, tienen el lenguaje sin útero, recortado del plasma, anestesiado.
Los niños adoptados por un dios maleducado, por una virgencita muerta. Sus cuerpos –como animales rotos- están hechos de falta, prolongados en la nada del mundo. Dicen que todavía no nacieron y sin embargo están muertos. Ellos no lo saben. A la madrugada esperan sus propios nombres. Nadie los llama. El día los devuelve otra vez invisibles, los castiga con su luz indeleble. Ellos, sin embargo, no descansan: fabrican –como obreros insomnes- una esperanza que por fin los salve, que les conceda una casita posible.
Los niños huérfanos no conocen su infancia;
trabajan con el olvido del mundo.

VENUS IN FUR

Me ahogué en tu cuerpo como una niña. Tuve que tragarme el llanto. Hacerme hembra adentro de tus brazos. Irrumpiste en mi sexo como si fuera tierra firme. Te hice espacio a la fuerza, me pujaste. Dije lo primero obsceno, la palabra dulce. Me domesticaste, fui tu animal de arrastre, de abertura. Practicaba en tus piernas la manera de encastrar el Mal, de amaestrarme en la locura. Me enseñabas a darme por vencida, a acceder a lo mundano y comprensible, a correr el riesgo sin demasiado peligro. Fui una alumna extraordinaria: te arrastré del pelo, te puse las manos abajo del vestido, te pedí por favor (como de veras) que me lastimes con el impulso de tu cuerpo. Lo hiciste. Lo volviste a hacer. Repetiste la escena sin descanso. Fue como un ritual, una ceremonia atroz, desmesurada. Entrabas y salías, con la destreza de un perverso. Yo te insultaba hasta la pausa. Después hubo un silencio: tu rostro se alteró de golpe, me acabaste arriba de la espalda, detuviste el duelo. Yo quedé sola y consternada, desnuda para siempre; vos a cinco centímetros me lustrabas con un papel tus propias sombras. No te preocupes- te dije sin intención de nada- esta suciedad es imborrable, se llama perder la inocencia en un segundo.