CITTÀ ETERNA

Vos y tu arquitectura. Fuiste mi pequeño obrero y a la vez un extranjero de mi cuerpo: una ambigüedad demasiado dulce. Demasiado azul. Me hiciste (despacio, sutil) una ciudad adentro de mí misma, como si hubiera algo en mis piernas que yo ignoraba -y con qué cuidado-. Tuviste de a poco una manera de abrirme y de cerrarme, de hacerme y deshacerme. Aprendiste a derribar mi timidez, a iluminar la infancia. Te llevaste mis escombros como si pesaran casi nada. Donde hubo mi silencio, tu noche fabricó sin pausa, sin descanso. Me recorriste entera; te inmiscuiste en parapetos y calles y puentes que daban a ningún lado. Pero después de tanto adentrarme, de días y feriados de conocerme toda, te perdiste como un niño abandonado, como un recién nacido (te quedaste solo). El cuerpo de tu voz me derrumbó para siempre. Yo la tarea forzosa de construirme encima, de edificar arriba del pavor, del miedo, de las ruinas. Yo deshabitada en plena lluvia.
Vos ahora como una Roma demasiado lejos, enterrada.

1 comentario:

  1. Hermosa arquitectura de palabras, para disimular la devastación... Un abrazo.

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