VENUS IN FUR

Me ahogué en tu cuerpo como una niña. Tuve que tragarme el llanto. Hacerme hembra adentro de tus brazos. Irrumpiste en mi sexo como si fuera tierra firme. Te hice espacio a la fuerza, me pujaste. Dije lo primero obsceno, la palabra dulce. Me domesticaste, fui tu animal de arrastre, de abertura. Practicaba en tus piernas la manera de encastrar el Mal, de amaestrarme en la locura. Me enseñabas a darme por vencida, a acceder a lo mundano y comprensible, a correr el riesgo sin demasiado peligro. Fui una alumna extraordinaria: te arrastré del pelo, te puse las manos abajo del vestido, te pedí por favor (como de veras) que me lastimes con el impulso de tu cuerpo. Lo hiciste. Lo volviste a hacer. Repetiste la escena sin descanso. Fue como un ritual, una ceremonia atroz, desmesurada. Entrabas y salías, con la destreza de un perverso. Yo te insultaba hasta la pausa. Después hubo un silencio: tu rostro se alteró de golpe, me acabaste arriba de la espalda, detuviste el duelo. Yo quedé sola y consternada, desnuda para siempre; vos a cinco centímetros me lustrabas con un papel tus propias sombras. No te preocupes- te dije sin intención de nada- esta suciedad es imborrable, se llama perder la inocencia en un segundo.

2 comentarios:

  1. Wow, escribís mejor de lo que recordaba. Hace demasiado que no leía este ni ningún blog...Pero esta es una de esas noches en las que, justo, añoraba un poco de inocencia de tiempos pasados.

    Abrazo.

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