ONDINE

dicen que el mar te golpea
hasta dar con el olvido:
como si el agua
fuera -en su profundidad-
una página
en blanco

yo escribo
-empujo-
contra mí

y después de perderme
de hacer lo hondo
la caída

después del ahogo
la catástrofe

aparezco otra vez en la orilla
con el cuerpo desencajado
de sal

con la vida toda
desnuda-boca adentro

DIAGNÓSTICO

A ver, nena, abrí la boca. Respirá hondo. Decime qué sentís ahora en el pecho. Cómo es exactamente la herida. Cuántas veces llorás por día. En qué fracción de segundos tragás o no tragás / el poema. Qué hacés cuando te duele. Cada cuánto es la pausa, suponiendo que hubiera una pausa. Por favor, describime el dolor otra vez. Decime si suave, fuerte, rápido, despacio. Explicame qué es, cómo se llama. Con cuánta frecuencia. Hacé un esfuerzo por ser exacta. Peso, volumen, longitud. En qué parte del cuerpo puntualmente acomete. Bajo qué circunstancias. Te duele más de día o de noche. Decime cómo esperás que se cure. Cómo hacés para aplacarlo. Explicame por favor cómo se explica.

GERUNDIO

Llevabas una maleta en las manos, haciendo contrapeso: estabas firme. Me obsequiaste, como un soldado en guerra, tu última mirada. No atinaste a decir / absolutamente nada. Las palabras hubieran sido como darle de comer a la herida. Entonces te ibas: era cierto. La escena cambió drásticamente: la vida me estaba pasando. Te ibas. Te estabas yendo. No quise detenerte. Tu irte me arrastraba hacia el poema: fui corriendo a la máquina, escribí "llevás una maleta" en pasado. No atinaste a decir nada. Estabas en silencio / te ibas en silencio. Vos todo abriendo la puerta con las manos. Haciendo contrapeso en mi escritura.

FUNERAL DE FLORES

no me vayan a enterrar
sin salvarme la infancia

1. el jardín
2. el triciclo
3. el abrazo paterno
4. el poema

arranquen de mi cuerpo
la palabra
cuando me dé la noche

no me vayan a enterrar
sin arraigar la niña / sin dejarme desnuda
de raíz
adentro de la tierra

en el acto del aborto

Como si cargara a un hijo muerto, mutilado, en el medio del pecho. A eso se le llama amarte ahora que no estás. Le doy de beber leche al cadáver, lo amamanto con asco. Le enseño a hablar en qué idioma, contra dónde. Le canto como si estuviera vivo. Después sueño con ser la madre horrible que lo empuja al vacío con tal de no hacerle de comer, de no alimentar su falta. Pero es siempre lo mismo: el bebé muerto llora y llora. Hace arcadas. Se compunge. Me vomita. Yo le hago por favor en mis brazos como si no importara. Soy la madre en su velorio interminable: no me canso de esperar que resucite.

NOMS-DU-PÈRE (NP)

Es infancia, (noviembre de 1995). Mi papá lee un poema en voz alta. Lo lee muy fuerte, como si hiciera golpes. Yo me escondo detrás de su voz, de su manera de practicar la guerra. Hace daño con muy pocas palabras, las carga de tanta belleza y violencia que parecieran ser la misma cosa (en su cuerpo, siempre son la misma cosa). Mueve las manos como si pudiera salvarse. Como si buscara el silencio, un silencio atroz, imposible -su primer venida al mundo o un irse hacia nunca-. Yo en voz baja, con letra cursiva, le escribo: "papá no quiero ser escritora hace mucho mal a la cabeza". Hay una pausa. Me duelo las manos. Se arranca los ojos (quiero decir, me mira de golpe) y se los devora. Yo lloro casi sin respirar: abre la boca y los escupe. Me dice acá está la escritura: como si se arrojara a sí mismo y en ese arrojarse se viera. Me escribo que hace bien hacerse mal para curarse. Él lee -está leyendo ahora- un poema de una hija que no sabe escribir pero de a poco aprende lo arrancado. Yo sonrío, escribo: es infancia, 1995, mi papá lee en voz alta un poema muy de golpe.