NOMS-DU-PÈRE (NP)

Es infancia, (noviembre de 1995). Mi papá lee un poema en voz alta. Lo lee muy fuerte, como si hiciera golpes. Yo me escondo detrás de su voz, de su manera de practicar la guerra. Hace daño con muy pocas palabras, las carga de tanta belleza y violencia que parecieran ser la misma cosa (en su cuerpo, siempre son la misma cosa). Mueve las manos como si pudiera salvarse. Como si buscara el silencio, un silencio atroz, imposible -su primer venida al mundo o un irse hacia nunca-. Yo en voz baja, con letra cursiva, le escribo: "papá no quiero ser escritora hace mucho mal a la cabeza". Hay una pausa. Me duelo las manos. Se arranca los ojos (quiero decir, me mira de golpe) y se los devora. Yo lloro casi sin respirar: abre la boca y los escupe. Me dice acá está la escritura: como si se arrojara a sí mismo y en ese arrojarse se viera. Me escribo que hace bien hacerse mal para curarse. Él lee -está leyendo ahora- un poema de una hija que no sabe escribir pero de a poco aprende lo arrancado. Yo sonrío, escribo: es infancia, 1995, mi papá lee en voz alta un poema muy de golpe.

1 comentario:

  1. Me encanta cuando un texto termina de la misma forma en que comenzó. Y todavía más cuando el arte es arrojado, escupido, cuando sale de adentro de las entrañas...

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